
La noche del 26 de marzo en el Lunario del Auditorio Nacional no se vivió como un concierto cualquiera. Fue más bien un punto de encuentro entre emociones acumuladas, una descarga colectiva que llevaba tiempo esperando su momento para explotar.
Desde antes de que comenzara el show, el ambiente ya decía mucho. El público llegaba con esa mezcla de emoción y ansiedad, como quien sabe que está a punto de vivir algo especial. Y no era para menos: el regreso de LosPetitFellas a la Ciudad de México se había hecho esperar.
La noche abrió con More, quien apostó por un set cercano, casi íntimo, que poco a poco fue envolviendo al público. Después, Ms. Ambar subió la intensidad con una presencia sólida y segura, preparando el terreno para lo inevitable.

Cuando LosPetitFellas apareció en el escenario, todo cambió.
El Lunario pasó de la expectativa al estallido en cuestión de segundos.
“Manos Arriba” marcó el arranque perfecto: brazos en alto, gritos sincronizados y una conexión inmediata que no se rompería en toda la noche. A partir de ahí, el show avanzó como una ola que no daba tregua, con temas como “El Sol” y “Rock N’ Love” manteniendo la energía en lo más alto.
El set también dejó ver la versatilidad de la banda. “Simpática Fiesta / Suave” mostró su capacidad de experimentar, mientras que “Sálvate Tú”, acompañada por Nicole, llevó el concierto hacia un terreno más emocional, conectando desde lo más profundo.

Gran parte del repertorio estuvo impulsado por su más reciente material, El plan nuestro de cada día, cuyas versiones en vivo demostraron una banda más madura, más sólida y con una narrativa aún más introspectiva. Canciones como “Música de Contrabando” y “1150 PM” reforzaron esa identidad que los ha llevado a construir una base de fans tan fiel.
Uno de los momentos más especiales llegó con “Las Flores”, donde Ms. Ambar volvió al escenario para crear una fusión de estilos que elevó la atmósfera. Más adelante, “Buenos Días”, “Original”, “A Quemarropa” y “Los Verbos” mantuvieron al público completamente entregado, coreando cada palabra como si fuera propia.
La noche también tuvo espacio para la pausa. “Qué Nos Pasó” y “Lejanías” bajaron la intensidad para dar paso a la introspección, mientras que el cover de “La Noche Más Linda del Mundo” aportó una dosis de nostalgia que se sintió en todo el recinto.

Pero si hubo un momento que rompió cualquier barrera, fue durante “Sólo Hay Una Forma de Saberlo (On n On)”. El vocalista descendió del escenario y se mezcló con el público en un slam que convirtió el concierto en algo visceral, sin filtros, sin distancia. Solo música y conexión pura.
En la recta final, “Canción Para el Fin del Mundo”, junto a Tino el Pingüino, reforzó el peso lírico del show. Más tarde, durante “Suspense”, llegó uno de los momentos más honestos: un agradecimiento directo al público por estar ahí, reconociendo el esfuerzo de quienes hicieron posible esa noche. Fue breve, pero significativo.
La emoción volvió a subir con “Antes de Morir”, en compañía de Denisse Gutiérrez, antes de cerrar con “Yo Creo” y “5600K”.

Al final, lo importante no fue el orden de las canciones ni los momentos específicos.
Fue la sensación.
Con el Lunario completamente entregado, el concierto se transformó en una experiencia colectiva que confirmó el gran momento que vive la banda. Más que una simple fecha en su agenda, este show se sintió como una reafirmación: LosPetitFellas no solo vinieron a tocar, vinieron a reencontrarse con un público que ya los siente suyos.
Y si algo quedó claro esa noche, es que esa conexión todavía tiene mucho camino por delante.
