
La noche en el Auditorio Nacional se transformó en un viaje directo a la esencia del rock latino. Sobre el escenario, Miguel Mateos sorprendió al público al compartir un momento inesperado junto a Alex Lora, encendiendo la recta final del concierto con una energía que se sintió en cada rincón del recinto.
Todo comenzó cuando Mateos, guitarra en mano, marcó el ritmo y desató la euforia colectiva con “Cuando seas grande”, convirtiendo a miles de asistentes en un solo coro. Así cerraba una noche dedicada a celebrar Solos en América (1986), el álbum que consolidó su lugar en la historia del rock en español con temas que abordan el crecimiento, la libertad y la identidad latinoamericana.
Antes de la aparición de Lora, Mateos expresó su admiración por el ícono mexicano, destacando el honor de compartir escenario con una figura clave del género. La respuesta no se hizo esperar: Lora irrumpió con su característico grito de batalla y juntos interpretaron “Las piedras rodantes”, desatando una ovación masiva.

Durante más de dos horas, Mateos mantuvo al público en constante movimiento, alternando entre los clásicos del disco homenajeado y otros temas emblemáticos de su repertorio, además de algunos guiños a la música en inglés que marcó la década de los 80.
El espectáculo arrancó con una introducción visual en pantallas, donde el músico apareció surcando cielos antes de salir al escenario entre aplausos. Con “Llámame, si me necesitas”, marcó el inicio de una noche cargada de nostalgia y emoción.
A lo largo del show, Mateos conectó con su audiencia recordando sus primeras visitas a México hace cuatro décadas, cuando comenzaba a abrirse paso en la radio. Esa cercanía se reflejó en la respuesta del público, que coreó temas como “Mi sombra en la pared”, “Perdiendo el control” y “Libre vivir”.

A sus 72 años, el artista demostró una vitalidad intacta, moviéndose entre instrumentos como guitarra, teclado, armónica y pandero, mientras el público lo acompañaba con cánticos y aplausos constantes. Incluso, entre risas, bromeó sobre la altura de la ciudad y su adaptación al escenario capitalino.
El concierto continuó con momentos de comunión colectiva en canciones como “Si tuviéramos alas”, “Tirar los muros abajo” y “Solos en América”, iluminadas por las luces de los celulares del público.
Uno de los instantes más curiosos llegó cuando Mateos presentó un video generado con inteligencia artificial donde aparecía rejuvenecido, provocando risas y aplausos entre los asistentes.

La recta final incluyó clásicos como “Es tan fácil romper un corazón”, “Desnúdate” y “Lola”, esta última convertida en un poderoso mensaje contra el abuso, acompañado de una dinámica interacción con el público.
El cierre llegó con “Obsesión”, donde miles de voces sellaron una noche que no solo celebró un disco, sino también la vigencia de un artista que sigue conectando con distintas generaciones.
