A menos de un mes del gran show, la fiebre por Guns N’ Roses se siente en cada esquina. Los bares del centro suenan a “Sweet Child O’ Mine”, los fans desempolvan chaquetas de mezclilla y los grupos de redes hierven con teorías sobre el setlist.
Aunque aún quedan boletos disponibles, las últimas zonas comienzan a agotarse, y la sensación de que “esto va a ser histórico” se respira en el aire.
Todo apunta a un espectáculo que mezclará potencia, nostalgia y un cierre de gira con el sello que solo Guns N’ Roses puede dar.
