
El pasado viernes 10 de octubre, la Ciudad de México se vistió de punk para recibir a The Adicts por última vez. El Velódromo Olímpico se llenó hasta el tope con fans que llegaron para despedirse de una banda que marcó generaciones con su estilo irreverente y teatral.

Desde el inicio, la energía fue brutal: pogos, coros y un ambiente cargado de emoción. El público cantó cada tema como si fuera un himno, mientras Monkey, con su inconfundible presencia, mantenía a todos hipnotizados.

Los clásicos sonaron más intensos que nunca y el caos se convirtió en celebración. Fue una noche de rebeldía, memoria y gratitud, donde cada nota pareció sellar una historia compartida entre la banda y sus seguidores.
The Adicts se despiden de los escenarios, pero su legado punk sigue latiendo fuerte.
